Gonzalo Chillida Juantegui

(San Sebastián, 1926 – 2008)

Marina

1991

óleo sobre lienzo

50 x 61 cm

Nº inv. 10174

Colección BBVA España



Gonzalo Chillida es reconocido como uno de los principales paisajistas de la segunda mitad del siglo XX en España. Su delicada manera de abordar la pintura y su personal visión de la naturaleza vasca han jugado un papel fundamental en la renovación plástica de nuestro país. 

Sus inicios artísticos −vinculados a su etapa de formación en Madrid y a su estancia en París− están marcados por la geometrización de los elementos, tal como evidencian las obras realizadas en los años cincuenta. En ellas se advierte una tendencia a la reducción de las formas, deudora del quehacer de importantes creadores del momento como Daniel Vázquez Díaz (1882-1969) o Pablo Palazuelo (1915-2007), cuya impronta es reconocible en estas primeras composiciones. Sin embargo, su regreso a San Sebastián y el redescubrimiento del húmedo entorno del mar Cantábrico favorece que sus escenas se vayan suavizando. Así, a partir de los años sesenta centra su atención en la poética del mar y el cielo, buscando permanentemente el lugar en el que ambos se encuentran y se fusionan, borrando los límites entre lo terrenal y lo intangible. De este modo, su pintura se va desligando de referencias naturalistas para, mediante la aplicación de delicadas veladuras, adentrarse en una
de inspiración romántica que se acerca a los horizontes densos y nebulosos de Caspar David Friedrich (1774-1840).

Esta Marina, ejecutada en 1991, es un claro ejemplo de la delicadeza que alcanza su trabajo hacia la década de los noventa; su estilo pictórico, ya totalmente definido, se caracteriza por una acentuada sutileza cromática, con predominio de tonalidades ocres, azuladas y plateadas que aplica con sublime pulcritud. El autor extrae la esencia del paisaje que se extiende ante sus ojos, recurriendo a la superposición de capas de óleo muy diluidas para reflejar la variación lumínica que se produce en la superficie del agua. En esta obra, mar, arena y bruma se mezclan en una abstracción pura y reflexiva, que aspira a dibujar un espacio metafísico que invite a la introspección.