Esteban Vicente

(Turégano, Segovia, 1903 – Nueva York, 2001)

Sin título

1956

óleo sobre lienzo

101,5 x 121,5 cm

Nº inv. 1040


El color es fundamental en la obra de Esteban Vicente. A través de él nos muestra el sentimiento y la belleza de la vida, las claves de la humanidad y la naturaleza. La pincelada de Esteban Vicente es densa y marcada, y sus colores, opacos, adquieren un sinfín de tonalidades. Además es un gran maestro del collage, que utiliza de manera habitual tanto en sus composiciones sobre papel como sobre lienzo.

En España forma parte del grupo de los artistas denominados “pintores poetas”, ya que su obra es un complemento plástico para la poesía de la Generación del 27. Es una pintura basada en el símbolo, el elemento rítmico y con una clara orientación hacia la expresión de lo bello.

Después de la guerra civil española marcha a Estados Unidos, donde permanecerá hasta su muerte. Allí entra en contacto con el
abstracto norteamericano, integrándose en el mismo y entablando una estrecha amistad con los miembros de la escuela de Nueva York.

La mezcla de su arte poético, el
abstracto y su gusto por el cubismo y la obra de Juan Gris hacen posible el desarrollo de un estilo personal, a base de armonías cromáticas vibrantes apoyadas en estructuras aparentemente geométricas, sustentadas en una ordenación espacial firme.

A partir de 1955 las formas empiezan a agruparse en el centro de la composición, como es el caso en este lienzo de 1956, cuyo fondo verde sirve de apoyo para esos cuadrados que se concentran en armonía cromática y rítmica. Geometrías líricas de tonos cálidos, subrayados mediante ese recuadro más oscuro que actúa como acento visual y potenciador del resto.