Darío de Regoyos y Valdés

(Ribadesella, Asturias, 1857 – Barcelona, 1913)

Arco Iris, Irún

1886

óleo sobre cartón y tabla

42,50 x 51 cm

Nº inv. 5154


Darío de Regoyos es una figura esencial en la modernización de la pintura española de finales del siglo XIX. Su obra, siempre en evolución, aporta una perspectiva plenamente contemporánea hacia el paisaje, la luz y las escenas de la vida cotidiana, y tiende un puente directo con las corrientes europeas más innovadoras.

Formado en el ambiente artístico belga y miembro del grupo de vanguardia Les XX, desarrolló un lenguaje propio influido por el impresionismo y el neoimpresionismo. Su pintura se distingue por la atención al color y a los efectos luminosos, especialmente en fenómenos atmosféricos como la nieve, la lluvia, los arcoíris o las iluminaciones nocturnas.

Sus obras más celebradas pertenecen a su etapa de madurez y muestran un paisaje marcadamente impresionista. Regoyos fue un artista viajero, y esa condición tuvo un gran impacto su producción. Recorrió España, Francia e Italia, captando tanto entornos urbanos como naturales. Destacan sus paisajes del norte de España —sobre todo del País Vasco—, como Arco Iris, Irún (1886), perteneciente a la Colección BBVA, donde explora con precisión los cambios de luz a lo largo del día.

A partir de la década de 1880, su pintura adopta una técnica más libre: pincelada suelta, paleta luminosa y una creciente búsqueda de la impresión instantánea del paisaje. El año 1886 es decisivo, pues consolida su cercanía al impresionismo europeo. Sus escenas nocturnas y efectos de luz artificial revelan una sensibilidad moderna que lo sitúa entre los primeros introductores del impresionismo en España.

La obra de Regoyos es una decidida apuesta por la libertad creativa y la apertura internacional, que se aleja del academicismo y contribuye a integrar la pintura española en los lenguajes artísticos de su tiempo.