Marta Cárdenas

(San Sebastián, 1944)

Prado y bosque (otoño) I

1987

óleo sobre lienzo

80 x 130 cm

Nº inv. 7000

Colección BBVA España



La pasión de Marta Cárdenas por la pintura y el dibujo se manifiesta en las abundantes obras que componen su producción y en el importante número de cuadernos de apuntes que ha completado a lo largo de su vida. Las páginas de estos libros son la base principal de su quehacer artístico y una herramienta esencial para profundizar en su universo plástico y poder conocer de primera mano las experiencias y pensamientos que motivan su trabajo. 

Las primeras composiciones de Cárdenas se caracterizan por plasmar espacios interiores silenciosos, marcados por una atmósfera gris y calmada, que incita a la reflexión. A finales de los años setenta estas escenas sombrías se van abriendo al exterior dando paso a la representación de una naturaleza exuberante, interpretada en clave abstracta. Estos paisajes, pintados al aire libre, emanan una fuerte expresividad que remite a la gestualidad de otros creadores vascos como José Antonio Sistiaga (1932) y al grupo de artistas de la Escuela de Nueva York. Para ejecutarlos, la autora emplea una base con pintura al agua en un tono neutro, acorde con el ambiente que se desvela a su alrededor. Posteriormente, con barras blandas y óleos, cubre la superficie de la tela mediante rápidas y empastadas pinceladas que recrean la luz, el movimiento y el color de lo que está observando. El resultado de este improvisado proceso confiere a su trabajo una profunda vivacidad que, a pesar de la rapidez y espontaneidad en su aplicación cromática, transmite una sensación de serenidad.  

Dentro de este conjunto encontramos Prado y bosque (otoño) I, que al igual que Río (invierno) también en la Colección BBVA, muestra esa visión sintética del paisaje, consecuencia del contacto directo con la naturaleza. El delicado fondo gris, en el que pueden adivinarse suaves luces y sombras, contrasta con las coloridas pinceladas que recorren la tela. La forma de aplicar la tinta sobre el lienzo crea ligeras transparencias que sugieren un leve fluir, concepto muy relacionado con la filosofía oriental. Estas piezas de los años ochenta parecen vaticinar la fuerte influencia que ejercerá el arte, la cultura y la caligrafía de Asia en sus obras a partir de la década de 1990.