Joan Ponç

(Barcelona, 1927 – Saint-Paul-de-Vence, 1984)

Barrachú

1950

óleo sobre lienzo

53 x 74 cm

Nº inv. CX00843

Colección BBVA España


La época en la que Ponç ejecuta esta obra es de las más creativas de su producción. En 1948 participará de la fundación de
, colectivo que podría calificarse como símbolo de modernidad y desafío en el contexto de la posguerra. Dos años después, el artista catalán participará en el VII Salón de los Once, junto a artistas consolidados como Joan Miró (1893-1983), Salvador Dalí (1904-1989) y Joaquín Torres García (1874-1949).

El deseo de reconectar con los orígenes perdidos a través del arte llevará a Joan Ponç a crear un imaginario pictórico poblado de seres misteriosos, a menudo infernales. La noche, como parte del día propicia a la inspiración, será la protagonista en su quehacer artístico, y es también el momento en el que sitúa sus escenas oníricas, como es el caso de esta pieza.

La pintura y el dibujo automáticos serán uno de los métodos creativos que empleará el artista para plasmar, desde el subconsciente, todo un personal corpus mítico. Este método, habitual en el surrealismo, le permite liberar el subconsciente mediante el propio proceso de dibujar, generando así una expresión desligada de las ataduras sociales. Su imaginario bebe de la historia del arte, de los seres infernales de la Edad Media, y sobre esa base crea un mundo paralelo, que plasma en sus obras.

Esta pieza muestra un paisaje montañoso. El tono rojizo de las formaciones rocosas contrasta con la hierba verde del valle. Pueblan esta escena nocturna curiosos personajes: un diablo, habitual en su iconografía, y un singular arlequín que camina a cuatro patas. Dos personajes más asoman sobre las rojas formaciones rocosas en primer plano. En su conjunto, la obra tiene un fuerte carácter onírico, típico de la mejor obra de Ponç.