Francisco Iturrino González

(Santander, 1864 – Cagnes-sur-Mer, Niza, 1924)

Soir de fête (Tarde de fiesta)

h. 1904-1910

óleo sobre lienzo

94,20 x 120 cm

Nº inv. P00083

Colección BBVA España



Francisco Iturrino jugó un papel fundamental en la configuración de la modernidad en España. Gracias a su estrecha relación con los artistas más destacados del panorama europeo finisecular fue testigo directo de la renovación plástica internacional, convirtiéndose en uno de los principales introductores de las nuevas tendencias en nuestro país.

Esta obra responde a la tipología de escenas protagonizadas por grupos de mujeres, casi siempre en actitud festiva, que el pintor realizó entre 1904 y 1910, durante sus largas temporadas en Córdoba y Sevilla. En ella queda patente la audacia cromática, la expresividad de la pincelada y la libertad compositiva, características propias del artista, que daba gran relevancia al hecho de pintar de manera instintiva. Mediante el empleo de una factura rápida, disgrega las formas y crea un cuadro cargado de vibración y movimiento; las figuras, representadas a modo de masas pictóricas, incrementan el sentido rítmico, restando importancia a los rasgos personales o a otros detalles del acontecimiento.

Dentro de su producción, este lienzo recoge una particularidad interesante, ya que muestra unificados dos referentes fundamentales para Iturrino: la impronta del
, y especialmente de Henri Matisse (1869-1954) −que se advierte en la exaltación del color− y la influencia, más notable aún, de Paul Cézanne (1839-1906), visible en un planteamiento de carácter constructivo. Predomina la organización y simplificación de los volúmenes en planos geométricos de tonalidades contrastadas, que dotan de dinamismo a la composición. Se evidencia su maestría en el tratamiento cromático, del que se sirve para modelar las figuras y construir la escena, transformándolo en estructura para representar una realidad fragmentada y vibrante. Esto se manifiesta a su vez en el paisaje del fondo, ejecutado a base de superficies tonales independientes que encajan unas con otras, y en las que apreciamos de modo más rotundo el legado cezaniano.

En Soir de fête (Tarde de fiesta) queda plasmada su personal percepción de la realidad. Siempre condicionado por los viajes que realizó a lo largo de su vida, que marcaron su estilo y su espíritu, transmite la fascinación que sintió hacia Andalucía, con una visión diferente a la de la iconografía castiza al uso. Alejado de los convencionalismos pictóricos, deja de lado lo pintoresco para centrarse en los valores plásticos. La armonía y el gran vitalismo que irradia la pieza reflejan a la perfección la alegría de vivir que el artista encontró en el sur del país.