Jan Frans Soolmaker

(Amberes, 1635 – Italia, h. 1685)

El Escorial

segunda mitad del siglo XVII

óleo sobre lienzo encolado a tabla

71,6 x 101,2 cm

Nº inv. P01603


Esta magnífica vista del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial es un interesante ejemplo del afán de los artistas flamencos por reivindicar el paisaje. El lienzo, obra del pintor de escenas de género y paisajes Jan Frans Soolmaker, ha sabido captar, con una delicada destreza y maestría, el espíritu intimista de esta construcción emprendida por orden del rey Felipe II a mediados del siglo XVI.

El interés que suscitó el edificio llevó a que, ya durante su construcción (1563-1584), artistas de la época plasmaran pictóricamente su perspectiva, como es el caso del dibujo de 1576 de Rodrigo de Holanda y el lienzo de 1582 de Fabrizio Castello (1562-1617), basado este último en el dibujo a escala realizado por Juan de Herrera de la fachada occidental del monasterio.

A partir de dicho dibujo, el arquitecto firma en 1584 un contrato con el flamenco Pedro Perret (1555-1625) para realizar una serie de grabados que se empiezan a vender en 1589 recogidos en un libro titulado: Sumario y breve declaración de los diseños y estampas de la fábrica de San Lorenzo el Real del Escorial.

Se conocen pocos datos de la vida y obra de Soolmaker, aunque se sabe que en 1665 redactó su testamento en Ámsterdam ante su inminente viaje a Italia, vía Portugal y España. Es muy posible que realizase dicho periplo, pues existe un paisaje italiano suyo de 1668, por lo que pudo conocer de primera mano El Escorial. No obstante, fueron habituales las representaciones del Monasterio por parte de los artistas del XVII —pinturas, dibujos, grabados— por lo que posiblemente realizase esta vista utilizando como modelo un grabado, bien el de Perret o el de1662 de Johannes Blaeu (1596-1673), algo bastante normal en la época.

Tal y como se puede apreciar, la arquitectura se encuentra al servicio de la naturaleza, centrando la composición y emergiendo de un paisaje naturalista, que comienza en primer plano —con figuras de campesinos resueltos con pinceladas sueltas— y que se extiende en profundidad respetando los límites urbanísticos del complejo. La fuerte perspectiva invita al espectador a observar con detenimiento cada detalle de la fachada y de la planta, cuyos patios se configuran simulando una parrilla, atributo del santo titular del templo.

El lienzo posee un número pintado en el ángulo inferior derecho que indica que la obra pertenecía a una colección importante.