(San Sebastián, 1950-2024)
óleo sobre lienzo
61,30 x 70,40 cm
Nº inv. P03533
La obra de Goenaga reúne múltiples influencias que combinan su vínculo con el paisaje, distintos lugares y sus historias, junto con lecturas, experiencias personales y referencias culturales. Su trabajo transita de forma constante entre la figuración y la abstracción, dos lenguajes que conviven en muchas de sus piezas.
A comienzos de la década de 1980, Goenaga realiza un viaje a Alemania que marcará de forma decisiva la evolución de su lenguaje artístico. Allí entra en contacto directo con el neoexpresionismo alemán, una corriente que refuerza las inquietudes que ya venían manifestándose en su obra anterior y se ve en series como Antropomorfos y Andróginos. A esta influencia se suma también la de la transvanguardia italiana, con la que comparte una actitud libre, basada en la intuición y alejada de planteamientos rígidos. Como resultado, su pintura se vuelve más intensa y física: comienza a aplicar la materia de forma espesa y contundente sobre lienzo, utilizando empastes densos y una gestualidad enérgica que aporta dinamismo y expresividad a sus composiciones, como en esta obra perteneciente a la Colección BBVA del 1986.
En los años 90 retoma lo primitivo y lo arcaico en series de inspiración arqueológica, con formas y trazos que evocan lo rupestre. Ya en el cambio de siglo, su pintura combina estos elementos con una renovada luminosidad cromática que da lugar a composiciones más abiertas y vitales.