Eduardo Chillida Juantegui

(San Sebastián, 1924 – 2002)

Obras del autor
 XX Español
 
Hijo del militar Pedro Chillida y la soprano Carmen Juantegui, adquirió reputación como portero de fútbol, llegando a ser titular de la Real Sociedad durante la temporada 1942-43, aunque una lesión de rodilla le obligó a retirarse muy joven. Inició estudios de arquitectura, pero los abandonó para dedicarse al mundo del arte. Gracias a su padre, entró al taller de escultura de José Martínez Repullés.

Se trasladó en 1948 a París, donde comenzó a realizar sus primeras esculturas en yeso, influido por la escultura griega del Musée du Louvre. Tuvo mucha importancia en esta etapa su amistad con Pablo Palazuelo.

A principios de la década de los cincuenta, el artista se trasladó definitivamente al País Vasco y comenzó a trabajar en la forja de su amigo Illarramendi con hierro, material fundamental desde entonces en su obra. También es en este momento cuando realizó sus primeros collages, que trata de un modo casi escultórico.

Su cercanía con el soporte del papel le llevará a experimentar con la litografía y el grabado, a finales de los años cincuenta. También realizó cuatro puertas para la basílica de Aránzazu en 1954, año en el que conoció a Frank Lloyd Wright.

A mediados de los años sesenta comenzó a esculpir en alabastro, material que le permite jugar con los efectos de la luz sobre su superficie semitranslúcida, y abandona el grabado. Chillida, en su concepto de escultura que pone en relevancia el espacio, hizo un gran número de obras destinadas a zonas públicas. Ejemplo de ello son El peine de los vientos en San Sebastián, el Homenaje a los Fueros en Vitoria o Gure aitaren etxea en Guernica. Durante los años ochenta, destaca el trabajo realizado en la serie Gravitaciones.

Fue un artista reconocido nacional e internacionalmente a lo largo de su carrera, tanto por su inclusión en exposiciones relevantes, como por los premios y distinciones que recibió a lo largo de su vida. En 1958 obtuvo el Gran Premio Internacional de la 29 Bienal de Venecia, el premio Carnegie en 1965 y a mediados de los setenta el premio Rembrandt. El Príncipe de Asturias le fue otorgado en 1987 y seis años más tarde recibió la Orden Imperial de Japón. Fue nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1994.