Francisco de Goya y Lucientes

(Fuendetodos, Zaragoza, 1746 – Burdeos, 1828)

Don Pantaleón Pérez de Nenin

1808

óleo sobre lienzo

206 x 124,7 cm

Nº inv. 444


Pantaleón Pérez de Nenin, nacido en Bilbao en 1779, era el segundo hijo de una familia hidalga dedicada al comercio. En 1795, sus progenitores ayudaron económicamente a la creación del regimiento de Húsares de la reina María Luisa, cuerpo en el que ingresó el retratado en 1796, a los dieciséis años, con el rango de primer teniente, aunque no había tenido formación militar. Ascendido a capitán tras su participación en el breve conflicto militar que tuvo lugar entre España y Portugal en 1801, conocido como la Guerra de las Naranjas, se sabe que en 1805 obtuvo la graduación de Ayudante Mayor y que el 21 de febrero de 1808 se le concede el retiro por motivos familiares, con el grado de capitán ayudante. El uniforme que luce permite fechar la obra a comienzos de año, cuando todavía estaba en activo, y el forro de piel del uniforme indica que era invierno, durante los meses que la corte permanecía en Madrid. La obra, firmada y fechada en el sable —“D. Pantaleón Pérez de Nenin. Por Goya 1808”— confirmaría los datos antes mencionados.

El fondo negro, sobre el que se recorta la sólida figura, hace destacar las sobresalientes calidades de la guerrera roja, la maestría y violencia de pincel con la que están resueltos los adornos de la misma y la soltura y resolución de la factura de la chaqueta y el fajín. La riqueza de la pincelada sobre sus ropajes muestra la evolución de la paleta de Goya y contrasta con la inexpresividad de su rostro.

El retratado, que en esos momentos tenía treinta y dos años, se presenta erguido y orgulloso, vestido con el uniforme de húsar de la reina. Apoya su mano derecha en el bastón de mando de ayudante en jefe, con pomo de marfil, y la izquierda en el sable de ordenanza, cuyo tamaño (106,5 cm) revela su imponente estatura (más de 1,80 m), realzada por el chacó y su espectacular penacho de plumas rojas. Su caballo aparece al fondo, tras una balaustrada, situando la escena en lo que parece ser un jardín palaciego, algo poco habitual en los retratos de militares.