Juan Carreño de Miranda

(Avilés, Asturias, 1614 – Madrid, 1685)

Carlos II

h. 1673-1675

óleo sobre lienzo

203,8 x 142,2 cm

Nº inv. 445


Desde que en 1671 Carreño de Miranda es nombrado pintor de cámara por la regente, doña Mariana de Austria (1634-1696), Carlos II (1661-1700) fue retratado varias veces a lo largo de los años, siempre en el mismo espacio, el
 
del Alcázar de Madrid, y con muy ligeras modificaciones desde ese primer ejemplar realizado en 1671, conservado actualmente en el Museo de Bellas Artes de Asturias.

Aunque la composición parte del retrato de aparato velazqueño, todos los elementos que en él aparecen forman parte de un programa iconográfico destinado a reforzar la idea del poder real. Los leones y las águilas son distintivos heráldicos de la Monarquía Hispánica y del Imperio; el pesado cortinaje rojo bordado en oro y con rico borlón, símbolo del egregio personaje; y los rayos de Júpiter de la parte superior de los espejos, instrumento de castigo para los que osan desafiar el poder real o de los dioses.

El joven monarca, aún niño de unos trece o catorce años, aparece vestido severamente de seda negra, el
(símbolo de los protectores de la religión) sobre el pecho y espada al cinto, con un memorial en la mano derecha y un chambergo emplumado en la izquierda, que apoya sobre el bufete de piedras duras sostenido por leones de bronce.

Tras él, en el muro, dos espejos con los marcos coronados por las águilas imperiales de la dinastía, en uno de los cuales se refleja el perfil y la lisa melena del monarca así como algunos de los treinta y un cuadros que colgaban en el Salón, pudiendo adivinarse una figura ecuestre que podría ser el Retrato de Felipe IV (1628) de Pedro Pablo Rubens (1577-1640) desaparecido en el incendio del Alcázar, y el del Suplicio del gigante Ticio de Tiziano (hoy en el Museo Nacional del Prado). La representación de ambos lienzos formaría parte del citado programa iconográfico; el primero apunta a la legitimidad del retratado, mientras que el segundo recuerda el castigo al que se enfrenta quien atente contra su autoridad.

La palidez de su rostro muestra su delicada salud, que empeorará a medida que vaya cumpliendo años. Aunque el monarca va envejeciendo en los diferentes retratos, su proporción con los muebles es la misma, tal como se aprecia en la posición de la empuñadura con respecto al bufete y en el encuadre del espacio.

De este modelo de retrato existen varias versiones (Kaiser Friederich Museum de Berlín, Museo del Prado, Musée de Valenciennes, Monasterio de El Escorial o Colección Cook de Richmond). La obra, de excelente calidad, debe fecharse hacia 1673-1675, año este último en el que se declaró la mayoría de edad del monarca y debieron de realizarse distintas versiones para los diferentes emplazamientos oficiales.